Un día tejido de magia donde Mane y Ligia celebraron un amor auténtico: vestidos de ensueño, música sublime, promesas eternas y detalles exquisitos que hicieron de su boda un cuento inolvidable.
La historia de amor entre Mane y Ligia alcanzó un brillo incomparable en Durango, donde dos ceremonias —una civil íntima y una religiosa profundamente emotiva— se convirtieron en el marco perfecto para celebrar su unión. Con un estilo romántico, elegante y absolutamente editorial, la pareja creó una experiencia nupcial llena de detalles cuidados, moda impecable y momentos que quedarán grabados en la memoria de todos los presentes.
Una celebración íntima y profunda
La primera parte del gran día tuvo lugar en la Hacienda El Mortero, un espacio acogedor y lleno de encanto donde se celebró la boda civil. Solo familia cercana y algunos amigos muy especiales acompañaron a la pareja en esta ceremonia íntima.
Rodeados por arquitectura tradicional, tonos cálidos y un ambiente sereno, Mane y Ligia intercambiaron sus primeras promesas oficiales. La atmósfera estuvo llena de emoción contenida, abrazos largos y miradas que lo decían todo. La esencia del momento fue la cercanía: una ceremonia privada hecha para atesorarse.
El brindis marcó la energía del día: una mezcla de romanticismo, alegría y sentimiento genuino. Fue el comienzo perfecto antes de la gran celebración religiosa.
Música, emoción y un cuento hecho realidad
La ceremonia religiosa, celebrada también el 14 de agosto, fue un despliegue de romanticismo y solemnidad. Con más de 300 invitados, la iglesia se transformó en un escenario lleno de energía, expectativa y belleza.
Ligia caminó hacia el altar acompañada de la “Marcha Nupcial” interpretada por una orquesta en vivo, bajo la dirección de Alondra de la Parra, hermana de Mane. La música llenó cada rincón de un aura celestial, perfecta para un momento tan cargado de simbolismo.
El “Ave María”, interpretado también por la orquesta, fue uno de esos instantes que quedan suspendidos en el tiempo. Todo parecía alinearse: la emoción de los novios, la presencia de sus familias y la magia única de la música.
Elegancia, personalidad y moda editorial
Ligia Uriarte fue la encarnación absoluta del romance moderno.
Para la ceremonia religiosa, eligió un vestido de corte princesa de Benito Santos, una pieza luminosa llena de encajes y transparencias que evocaban el más bello cuento de hadas contemporáneo. El diseño tenía un movimiento suave y etéreo que la hacía destacar con una presencia angelical.
Para la recepción, optó por un segundo vestido: un diseño con corset, encajes y un aire más relajado y moderno. En una elección que encantó a todos, lo combinó con botas vaqueras blancas, creando un contraste perfecto entre elegancia y personalidad. Fue un look auténtico, memorable y totalmente editorial.
Elegancia sobria en un entorno de ensueño
Mane de la Parra lució un traje gris sobrio y sofisticado, ideal para complementar la estética campestre y romántica de la celebración. Su estilo equilibrado y clásico aportó armonía visual a la escena nupcial.
La recepción tuvo lugar en la Hacienda La Jacona, un espacio lleno de encanto donde se respiraba fiesta, emoción y alegría. Los invitados disfrutaron de una celebración vibrante que combinó gastronomía exquisita, buena música, ambientación cálida y la energía radiante de los recién casados.
Cada rincón parecía contar un fragmento de su historia: la complicidad que han construido, las raíces que honran y el amor que los une.
La boda de Mane de la Parra y Ligia Uriarte fue un despliegue de amor auténtico, detalles artesanales y una estética profundamente romántica. Desde la intimidad de su boda civil hasta la grandiosidad de su ceremonia religiosa, pasando por los looks transformadores de la novia y la música que envolvió cada instante, su unión se posiciona como una de las celebraciones más memorables del año.


